Traductor chachi

domingo, 14 de abril de 2013

Bonita, no te distingo.

¿No te ha pasado alguna vez, querido lector, esto que vas por la calle y ves venir de frente un bloque de niñas idénticas moviéndose al compás? Al principio piensas que las dos cervezas que llevas te la están jugando y en realidad es sólo una, pero conforme te vas acercando adviertes sutiles (sutilísimas) diferencias entre ellas. Todas vestidas igual, todas igual de delgadas, todas del mismo tamaño, todas con el pelo teñido del mismo color y todas hablando de lo mismo. 
Escuchan la misma música que todas sus amigas, pero nunca se han planteado si les gusta, ni siquiera si hay otros estilos. Visten siempre a la moda, nunca las verás con una falda de la temporada anterior. De hecho, por mucho que les guste un estilo, si llega el momento de abandonarlo, hay que hacerlo. Qué duro es ser una fashion victim. 
Hablo de aquellas que adoraban su BlackBerry hasta el punto de dar su vida por ella, pero la cambiaron rápidamente por un iPhone cuando la BB pasó de moda. Hablo de aquellas que se ponen gafas de pasta sin cristales y se compran botas militares cuando hace dos años miraban mal a cualquiera que llevara esas pintas. Hablo de esos miles de entes que pasean su existencia por el mundo sin pararse a pensar qué cojones les gustaría hacer.
Y me pregunto: ¿por qué sois todas iguales?

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