Todos los días paseo a mi perro. Y todos, absolutamente TODOS los días me encuentro a alguna señora repipi con críos diciendo: "¡mira, un guau-guau!".
Obviamente, ante esta espantosa situación yo hago lo que todo ser humano con una pizca de decencia debería hacer: arrancarle las piernas al jodido crío y metérselas por su arrugado coño a esa puta vieja loca de mierda. El problema es que la gente que camina por la calle (yo, obviamente, voy en mi batamanta voladora) no tiene ni puta idea de nada, y cuando me ven limpiar las calles de este tipo de escoria no tardan ni dos minutos en llamar a la policía y al centro psiquiátrico más cercano. Y lo de la policía pase, pero estoy HARTA de patearme todos los putos loqueros de España. Porque yo no estoy loca, ¿entiendes? ¡YO NO ESTOY JODIDAMENTE LOCA! ¡Me cago en vuestros putos muertos! ¡¡Soltadme!! ¡¡¡QUE ME SOLTÉIS HE DICHO!!! ¡¡¡¡MAMÁAAAAAAAAAA!!!!
Traductor chachi
lunes, 28 de enero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
Mierda. Parte 2.
La democracia no funciona. Igual que la anarquía. ¿Por qué? Porque la gente es estúpida. Y egoísta.
Alguien que sólo es estúpido da pena, alguien que sólo es egoísta da asco. Pero la mayoría de mamíferos con pulgares opuestos y algo parecido a un cerebro son las dos cosas, y son mucho peores.
¿Qué valor tiene el voto de alguien que elige un partido político porque le gusta el color del logo? El mismo que el de alguien que se ha preocupado por informarse antes de meter su papelito en una urna. ¿Lamentablemente? Puede. ¿Justo? Tal vez. Al fin y al cabo, todos somos iguales. Pero, ¿se puede confiar en una mayoría que no sabe hacer la O con un canuto? Esto, señores y señoras, no se arregla permitiendo votar sólo a un porcentaje de la población. Se arregla con educación. La educación no sólo es un derecho, es una obligación. Por desgracia, el ser humano es un animal que vive en sociedad, y las decisiones de un individuo afectan a todo el colectivo. Por lo tanto, por el bien del colectivo, el individuo debe formarse para poder tomar decisiones con algo más de fundamento.
Y no estoy diciendo nada nuevo ni revolucionario, sólo hago notar algo que cualquiera con dos dedos de frente ya debería haber notado: estamos todos mal hechos. Y fin.
Alguien que sólo es estúpido da pena, alguien que sólo es egoísta da asco. Pero la mayoría de mamíferos con pulgares opuestos y algo parecido a un cerebro son las dos cosas, y son mucho peores.
¿Qué valor tiene el voto de alguien que elige un partido político porque le gusta el color del logo? El mismo que el de alguien que se ha preocupado por informarse antes de meter su papelito en una urna. ¿Lamentablemente? Puede. ¿Justo? Tal vez. Al fin y al cabo, todos somos iguales. Pero, ¿se puede confiar en una mayoría que no sabe hacer la O con un canuto? Esto, señores y señoras, no se arregla permitiendo votar sólo a un porcentaje de la población. Se arregla con educación. La educación no sólo es un derecho, es una obligación. Por desgracia, el ser humano es un animal que vive en sociedad, y las decisiones de un individuo afectan a todo el colectivo. Por lo tanto, por el bien del colectivo, el individuo debe formarse para poder tomar decisiones con algo más de fundamento.
Y no estoy diciendo nada nuevo ni revolucionario, sólo hago notar algo que cualquiera con dos dedos de frente ya debería haber notado: estamos todos mal hechos. Y fin.
Mierda. Parte 1.
Gente, gente por todas partes. Gente cobarde metida en sus estúpidas preocupaciones y constantemente pendiente de sus asquerosas "necesidades". Gente que se pone histérica cuando alguien pisa sin querer una milimétrica parte de su espacio pero no tiene ningún problema en machacar completamente el de los demás. Gente que defiende la democracia a muerte, pero sólo cuando el resultado es el que le beneficia. Gente que impone su mierda, gente hipócrita, gente con un repugnante egoísmo que supera todos los límites.
Y gente incapaz de defenderse, incapaz de pensar. Gente que no sabe decir que no, gente que se conforma, que no se queja, que se deja aplastar, que necesita ser aplastada. Gente que nunca se ha planteado la existencia de sus derechos.
¿Cuál de los dos tipos da más asco? Son igual de repugnantes. Y abundantes. Por desgracia.
Y gente incapaz de defenderse, incapaz de pensar. Gente que no sabe decir que no, gente que se conforma, que no se queja, que se deja aplastar, que necesita ser aplastada. Gente que nunca se ha planteado la existencia de sus derechos.
¿Cuál de los dos tipos da más asco? Son igual de repugnantes. Y abundantes. Por desgracia.
sábado, 19 de enero de 2013
Recomendación a la Miaus del futuro.
Tú, tía buena, entra aquí.
No pretendo convencerte, sólo léeme.
Si te dieran a elegir entre decidir o no decidir, ¿qué elegirías?
Todos los días nos enfrentamos a multitud de interrogantes, dudamos, acertamos y nos equivocamos. Es parte de la maravilla del ser humano, la capacidad de decidir... ¿Capacidad u obligación? Podemos intentar no decidir y evitar todos los inconvenientes de la vida: podemos elegir un partido político, una religión o un equipo de fútbol y simplemente dejarnos llevar por la masa humana que obedece las órdenes de la caja tonta como un rebaño manso y dócil. O podemos pensar por nosotros mismos. Tal vez para ti, querido lector, este sea un concepto nuevo y difícil de entender. Al fin y al cabo, es mucho más fácil dejarse arrastrar que tratar de tomar las riendas de nuestras vidas. Apartemos durante un instante la vista de la televisión, dejemos a un lado las cremas rejuvenecedoras, los cereales con fibra y los crecepelos milagrosos, y preocupémonos por crearnos una opinión propia.
A lo largo de toda la historia de la humanidad se ha visto lo fácil que es someter a la multitud pegajosa incapaz de pensar por si misma. Veamos, por ejemplo, el periodo de gobierno de Hitler: ¿habría sido posible el Holocausto judío si la mayoría de la gente no se dejara influenciar tan fácilmente? Cada dos por tres aparece un líder carismático capaz de convencer a las mentes más débiles, y no es necesario contemplar la Segunda Guerra Mundial para darse cuenta. También nos valdría como ejemplo la niña guay de la clase y su séquito de adoradores y adoradoras, ¿quién no ha conocido alguna?
Es importante no dejarse influenciar, y que para eso hay que aprender. No se pueden tener opiniones fijas e inamovibles como si fueran verdades absolutas, hay que saber debatir, apoyarse en opiniones ajenas para intentar mejorar la propia. Debatir no es pelear, ni tratar de convencer al otro; es enriquecerse con puntos de vista distintos. Aquella persona que es incapaz de intercambiar opiniones sin pelear se acaba estancando en su visión parcial de las cosas. Es estrictamente necesario buscar el conocimiento en vez de contentarse con lo que se tiene. O al menos, esta es mi opinión.
Tal vez me equivoque, probablemente nadie lo sepa, pero defenderé mi forma de pensar hasta que se me ocurra una mejor. Y, probablemente, el mundo seguirá igual mañana por la mañana.
Porque la mayoría de la gente decide no decidir.
Todos los días nos enfrentamos a multitud de interrogantes, dudamos, acertamos y nos equivocamos. Es parte de la maravilla del ser humano, la capacidad de decidir... ¿Capacidad u obligación? Podemos intentar no decidir y evitar todos los inconvenientes de la vida: podemos elegir un partido político, una religión o un equipo de fútbol y simplemente dejarnos llevar por la masa humana que obedece las órdenes de la caja tonta como un rebaño manso y dócil. O podemos pensar por nosotros mismos. Tal vez para ti, querido lector, este sea un concepto nuevo y difícil de entender. Al fin y al cabo, es mucho más fácil dejarse arrastrar que tratar de tomar las riendas de nuestras vidas. Apartemos durante un instante la vista de la televisión, dejemos a un lado las cremas rejuvenecedoras, los cereales con fibra y los crecepelos milagrosos, y preocupémonos por crearnos una opinión propia.
A lo largo de toda la historia de la humanidad se ha visto lo fácil que es someter a la multitud pegajosa incapaz de pensar por si misma. Veamos, por ejemplo, el periodo de gobierno de Hitler: ¿habría sido posible el Holocausto judío si la mayoría de la gente no se dejara influenciar tan fácilmente? Cada dos por tres aparece un líder carismático capaz de convencer a las mentes más débiles, y no es necesario contemplar la Segunda Guerra Mundial para darse cuenta. También nos valdría como ejemplo la niña guay de la clase y su séquito de adoradores y adoradoras, ¿quién no ha conocido alguna?
Es importante no dejarse influenciar, y que para eso hay que aprender. No se pueden tener opiniones fijas e inamovibles como si fueran verdades absolutas, hay que saber debatir, apoyarse en opiniones ajenas para intentar mejorar la propia. Debatir no es pelear, ni tratar de convencer al otro; es enriquecerse con puntos de vista distintos. Aquella persona que es incapaz de intercambiar opiniones sin pelear se acaba estancando en su visión parcial de las cosas. Es estrictamente necesario buscar el conocimiento en vez de contentarse con lo que se tiene. O al menos, esta es mi opinión.
Tal vez me equivoque, probablemente nadie lo sepa, pero defenderé mi forma de pensar hasta que se me ocurra una mejor. Y, probablemente, el mundo seguirá igual mañana por la mañana.
Porque la mayoría de la gente decide no decidir.
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