Traductor chachi

sábado, 29 de diciembre de 2012

Puke rainbows.

Llega un momento en la vida de toda persona que pone a prueba la resistencia de su estómago: que dos de sus amigos empiecen a salir juntos. Tarde o temprano llega el momento en que el confiado sujeto (llamémosle Miaus) decide quedar con sus dos amigos (a los que llamaremos A y B), pensando que a pesar de todo son amigos desde hace bastante tiempo y no tiene por qué cambiar nada que ahora A y B sean pareja. ¡ERROR! ¡TERRIBLE ERROR! Lo que la inocente Miaus no se espera es que cuando quede con A y B para tomar una cerveza, A va a beberse la cerveza directamente de la boca de B; que cuando vayan todos juntos a dar una vuelta, B no va a sacar la mano de los pantalones de A en ningún momento; y que cuando estén simplemente charlando, A y B no van a parar de ponerse motes tan azucarados que pueden provocar serias caries. Aquí nuestra Miaus tiene varias opciones: a) buscarse un amigo imaginario para cuando quede con A y B. b) soltarles descargas eléctricas en los genitales cada vez que se toquen para condicionar un rechazo. c) unirse a ellos.
Después de probar todas estas opciones, nuestro sujeto tiene algo que decirnos:
Bien, eeeeh... cuando les presenté mi amigo imaginario a A y B sentí algo de rechazo inicial, pero finalmente aceptaron e integraron a Juan. Tuvo mejor acogida de lo que me esperaba: acabaron montándose un trío y dejándome de lado. Otra vez.
Después probé la opción b), lo que yo no sabía es que A y B llevan un rollo sadomaso extraño y mi táctica para separarlos sólo hizo que se pasaran dos meses sin salir de la cama.
Por último lo intenté con la opción c). Lo bueno es que ya no tengo que preocuparme por quedar con ellos, con la orden de alejamiento que me puso el juez ya voy servida.
Después de este experimento, sólo podemos llegar a una conclusión razonable: hay que buscarse amigos feos.

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